Reseñas literarias
La vuelta del Gran Cronopio
Por Agustina Giuggia
Es sumamente extraño escribir una reseña sobre un nuevo libro de un autor que falleció hace 25 años, pero ahí están, como caídos del cielo se amontonan uno a uno los más de cien textos que forman parte de “Papeles inesperados”, un libro que nos abre nuevamente la puerta hacia el mundo Cortázar, puerta que creíamos cerrada hace tiempo.
Fragmento audio “Papeles inesperados” de Cortazar
El lector se preguntará cómo es posible que tan rico material haya perdurado sin editar por más de veinte años y la respuesta es un armario, en poder de su ex mujer Aurora Bernández, que supo cuidar el tesoro.
Su editor, Carles Álvarez Garriga, deja entrever parte del misterio que rodea a esta publicación en el prólogo que le da la flamante presentación al tan esperado “Papeles Inesperados”: “La antevíspera de navidad de 2006, cerca de la medianoche y tras tres nada tristes días hablando ininterrumpidamente, sobre todo ella, de la vida en general y de la vida de Julio Cortázar en particular, Aurora Bernárdez, su viuda, albacea y heredera universal, dijo en su domicilio parisino del distrito XV que tenía algo, unos papelitos a los que, por cierto, quizá me interesase echar un vistazo.”
Allí estaban, en ese armario divino, que sin intención alguna escondía dentro de sí una joya de la literatura universal, papeles desordenados que le dieron más que un dolor de cabeza al encargado de la recopilación de esta publicación.
Según lo explica Álvarez Garriga el libro se divide en tres bloques: poemas, prosas y autoentrevistas. Estos a su vez que se subdividen en diversos títulos según sus temáticas. Así es como encontramos capítulos agrupados de “Un tal Lucas”, “El libro de Manuel” e “Historias de Cronopios y Famas”, entre otros.
Pero como para que no olvidemos de su esencia, Cortázar se encargó de dejarnos textos inclasificables, textos que rechazan las temidas tipologías y que su editor decidió agruparlos en una sección a la que dio a llamar “Fondos de Cajón”.
Más de 400 páginas se ofrecen entonces al lector más sediento de todos, aquel que conoció la magia de un autor que como el resto de nosotros sufre de mortalidad y que la única forma que encontró para seguir viviendo era guiándonos el ojo 25 años después de su muerte.




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